Una organización que sobrevivirá sin su líder

La captura en Venezuela de ‘Diego Rastrojo’ no desarticula a ‘los Rastrojos’. Estas organizaciones neoparamilitares tienen la capacidad de perpetuarse después de quedarse sin sus máximos líderes. Después de más de 6 años de su surgimiento, estos grupos están diseñados para sobrevivir, recurriendo a diferentes formas de organización y diversificando las estrategias para la extracción de rentas.

Véase, por ejemplo, el caso de ‘los Urabeños’ con la captura de ‘Geovanni’ o lo que pasó con el Erpac tras la muerte de ‘Cuchillo’. En ninguno de los casos las organizaciones se desarticularon, en parte porque contaban con una estructura lo bastante jerárquica que establecía canales de comando y control lo suficientemente explícitos para relevar el mando.

Por el contrario, la organización de ‘los Rastrojos’ es federalizada. En ellos, las alianzas y disputas con las guerrillas, los métodos para el ejercicio de la violencia y las formas de apropiación de rentas difieren en cada región. Esta forma de organización es más compleja y también genera perpetuación en el tiempo por otras vías, que no dependen de un relevo de mando de toda la estructura, sino de los liderazgos regionales ‘independientes’.

En ese orden de ideas, es probable que la caída de ‘Diego Rastrojo’ no modifique sustancialmente la estructura de ‘los Rastrojos’. Si en algo ha de verse afectado el comportamiento de estas estructuras armadas, no es en su composición militar, sino en su esfera económica; se pueden establecer disputas entre los miembros de la organización por cómo se distribuyen las rentas. Un ejemplo de esto es el aumento de la violencia en las zonas urbanas, sobre todo en Cali.

Hay entonces algo claro entre el rastrojo: esta organización continúa siendo parte del fenómeno que actualmente genera más violencia en Colombia. Su consolidación en territorios como Nariño, Valle y el sur del Cauca es evidente, y todavía persiste su intención de expandirse a otras zonas del país, como Chocó y Norte de Santander.

Además, continuarán siendo una de las principales amenazas al proceso de reclamación de tierras. La entrega o la captura de sus jefes no elimina ni reduce estos problemas. Las dinámicas regionales son diferenciadas y como tal, al menos en lo que a la violencia se refiere, las estrategias para combatirlos aún son ineficientes.

Artículo publicado originalmente en El Tiempo.

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