¿Tregua bilateral con el ELN? Evitando los errores del pasado

Un vistazo al pasado nos enseña que la violencia no se para con las armas. Todos los actores del conflicto, incluso la sociedad civil, tenemos que asumir la responsabilidad y actuar para la construcción de paz.

La dirigencia del ELN sorprendió al país con un audaz comunicado en el que propuso al Gobierno Santos establecer una tregua bilateral. Días después, el presidente respondió categóricamente: “El Gobierno no está interesado en ceses al fuego, ni en circos públicos temporales”. Al parecer, para el primer mandatario la mejor forma de poner fin al conflicto armado con esta organización es por medio de la lógica de la guerra.

Sin embargo, un vistazo al pasado nos enseña que la violencia no se para con las armas. Todos los actores del conflicto, incluso la sociedad civil, tenemos que asumir la responsabilidad y actuar para la construcción de paz.

La importancia de poner fin al conflicto con el ELN 

Los dividendos de alcanzar la paz con el ELN -aún si se trata de una guerrilla pequeña- no pueden ser menospreciados ni por el Gobierno ni por la sociedad en general.

Como lo hemos planteado en conjunto con otros investigadores, el ELN conserva capacidad de mando dentro de sus tropas, no se encuentra moralmente debilitada, ni hay razones para creer que existen deserciones masivas; igualmente, sigue intacta su capacidad de reclutamiento y su relación con el narcotráfico y los grupos armados a su servicio la han convertido en fuerzas locales y actores importantes en Nariño, Cauca, Arauca y el Catatumbo.

A pesar de que el ELN sufre una derrota estratégica a manos de las fuerzas estatales, su destrucción militar -que la llevaría a una capitulación sin condiciones- parece poco probable.

Aprendizajes del pasado

Como lo demuestran experiencias del pasado, la invitación del ELN para pactar un cese temporal de las hostilidades no es un suceso de poca importancia. Aunque el presidente lo haya desechado con desdén, la trascendencia de este guiño del grupo guerrillero solo se dimensiona al hacer un poco de memoria.

En los acercamientos que históricamente ha tenido el ELN con los distintos Gobiernos, el tema del cese de hostilidades –y de su verificación– ha sido uno de los escollos de más difícil solución para el inicio y desarrollo de unas conversaciones de paz. Si se logra concertar una tregua antes de comenzar siquiera los acercamientos, las nuevas iniciativas de paz podrían ser prometedoras.

Asegura también el presidente Santos en su apresurada contestación al grupo guerrillero, que “de los errores y las experiencias pasadas se aprende”, y que por ello no le interesan “pausas temporales”. Sin embargo, si algo ha quedado claro luego de casi una década de priorización de la opción militar, es que el Estado no ha logrado siquiera asegurar el control territorial ni ganar la confianza de los ciudadanos, mientras que las guerrillas han demostrado una sorprendente capacidad de adaptación y sobrevivencia.

La experiencia sugiere que deben explorarse fórmulas novedosas para alcanzar la culminación de la guerra. Si de verdad interesa al presidente Santos el fin definitivo del conflicto, tiene que evitar enredarse “por orgullo en los callejones sin salida que ofrece la violencia”– tal como afirma Adolfo Atehortúa.

Muestras creíbles de paz

Ahora bien, si el ELN en verdad desea embarcarse en unos diálogos de paz, necesita dar un paso más. El grupo guerrillero debe manifestar lo que se conoce en teoría de conflictos como un “compromiso creíble” que demuestre que realmente están interesados en un proceso de esta índole, que no se trata de un engaño para ganar oxígeno ante la presión militar del Estado.

Así, por ejemplo, la liberación unilateral de los secuestrados cumpliría tal objetivo. Además, sería una muestra de que realmente están comprometidos con el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario, que mencionan en su carta abierta.

No obstante, las muestras de buena voluntad no deben ser únicamente de parte del grupo guerrillero. Corresponde al Gobierno Santos capitalizar esta coyuntura e iniciar acercamientos con la guerrilla del ELN para acordar los detalles de la mencionada tregua bilateral, el inicio de diálogos y la construcción de confianza. El presidente debe reconsiderar sacar del fondo de la gaveta presidencial la “llave de la paz” y no dejarla oxidar junto con las nuevas expectativas que están emergiendo.

Si bien pareciera que el primer mandatario prefiere entretenerse con su llave de la paz en una suerte de soliloquio, lejos de los escarpados senderos de lo público -lo cual podría tener mucho sentido estratégico y ello no solamente para el Gobierno-; lo que también cierto es que el presidente Santos no debería echar en saco roto las experiencias y el conocimiento internacional acumulado en otras latitudes.

La intervención y el acompañamiento de una tercera parte internacional (ya sea de países amigos, de la Unión Europea o de Unasur) han sido fundamentales en el pasado para facilitar el inicio y la reactivación de diálogos de paz entre el ELN y el Gobierno. En todo caso, más allá de ser una decisión instrumental, la aceptación del acompañamiento internacional tendría un importante valor simbólico. Tal concesión evidenciaría la existencia de una intención sincera de parte del Gobierno para buscar una solución política al conflicto.

La paz: responsabilidad de todos 

Las cuestiones relacionadas con la paz en Colombia no corresponden únicamente a los actores armados del conflicto. La paz, como derecho fundamental, es un asunto que incumbe a todos, y como tal, la sociedad civil no puede estar ajena a los debates y contribuciones en esta materia. Los colombianos de a pie, interesados en la consecución de la paz, pueden y deben presionar por una salida política al conflicto.

Las lecciones del pasado pueden ser útiles para evitar que, de nuevo, se cometan los mismos yerros y equivocaciones en la esquiva búsqueda de la paz en nuestro país.

Esperemos que tanto la administración Santos, el ELN, como también la sociedad civil que anhela una Colombia en paz, estén a la altura de este gran desafío histórico: el presidente debe echar mano de su llavecita, el ELN debe demostrar con hechos su compromiso con una salida política del conflicto, pero somos los ciudadanos colombianos quienes tenemos que dar el último y decisivo empujón a una puerta entreabierta y avanzar hacia un futuro más pacífico.

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