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Nueva ruta con el Eln: evitando los errores del pasado

Este artículo fue publicado originalmente el 17 de mayo de 2012 en Cien Días No. 75

Un análisis de las posibilidades reales de paz con esta guerrilla, el paso que debe dar el Eln para encaminarse a ella y el por qué Santos debería sacar con este grupo la famosa ‘llave de la paz’, se abordan en este texto.

A mediados de febrero de este año, la dirigencia del Eln sorprendió al país con un audaz comunicado en el que propuso al Gobierno Santos establecer una tregua bilateral (Semana.com, 2012, 20 de febrero). Días después, el Presidente respondió categóricamente: “El Gobierno no está interesado en ceses al fuego, ni en circos públicos temporales” (Semana.com, 2012, 21 de febrero). Al parecer, para el  Primer Mandatario la mejor forma de poner fin al conflicto armado con esta organización es por medio de la lógica de la guerra.

Sin embargo, un vistazo al pasado nos enseña que la violencia no se detiene con las armas y que los dividendos de alcanzar la paz con el Eln —aún si se trata de una guerrilla pequeña— no pueden ser menospreciados ni por el Gobierno ni por la sociedad en general. 

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¿Tregua bilateral con el ELN? Evitando los errores del pasado

Un vistazo al pasado nos enseña que la violencia no se para con las armas. Todos los actores del conflicto, incluso la sociedad civil, tenemos que asumir la responsabilidad y actuar para la construcción de paz.

La dirigencia del ELN sorprendió al país con un audaz comunicado en el que propuso al Gobierno Santos establecer una tregua bilateral. Días después, el presidente respondió categóricamente: “El Gobierno no está interesado en ceses al fuego, ni en circos públicos temporales”. Al parecer, para el primer mandatario la mejor forma de poner fin al conflicto armado con esta organización es por medio de la lógica de la guerra.

Sin embargo, un vistazo al pasado nos enseña que la violencia no se para con las armas. Todos los actores del conflicto, incluso la sociedad civil, tenemos que asumir la responsabilidad y actuar para la construcción de paz.

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Suben el precio de la paz

El Presidente Santos acaba de redefinir la política pública de paz en Colombia.

En respuesta al comunicado del ELN -en el que esta guerrilla rebaja los requisitos de su propio alto estándar, la llamada “Convención Nacional”- el jefe del gobierno anuncia que renunciar definitivamente a la violencia es el requisito para iniciar conversaciones de paz.

Hay que celebrar el objetivo: el fin del conflicto, el cese de la violencia.

Este debe ser, de lo contrario, una política de paz adquiere el cariz de un ejercicio electoral, de compra de tiempo o simplemente de juego a la opinión.

Las tres, lamentablemente fueron objetivos de pasadas y fracasadas políticas de paz.

Hay otra gran diferencia con las negociaciones del pasado: se reconoce la existencia de un conflicto violento, y se liga su resolución con el cese de la violencia.

Hasta aquí lo lo positivo.

Preocupa, y mucho, el requisito de seriedad que exige el Gobierno: “…hay una mano extendida a los grupos armados que tomen la decisión responsable y seria de acabar definitivamente con la violencia.”

Así, el fin último de una negociación se establece como principio para iniciarla: renunciar a la violencia.

Con esta condición, en lo que resta de este gobierno no habrá negociación, como que no habrá renuncia a la violencia por parte de las guerrillas.

A tan alto precio, seguiremos en la guerra.

 

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Qué bueno ser útiles

Ayer el Presidente de la República calificó de “idiotas útiles” a “aquellas personas que quieren magnificar la acción de los delincuentes y los terroristas, muchas veces para hacer política con los temas de la seguridad”. Añadió que esta es “una forma muy mezquina de hacer política”.

Hoy las cadenas radiales, especialmente RCN, interpretaron esta intervención presidencial, hecha en un foro de alto nivel sobre seguridad ante centenares de alcaldes y autoridades locales, como una inusitada crítica a los críticos. Otros comentaristas lo han tomado como una señal más de ruptura entre Santos y el presidente Uribe.

Para RCN, los idiotas útiles son aquellos que elevan críticas al Gobierno en esta materia, especialmente los funcionarios de la anterior administración. Pero no solo eso: para RCN la intervención presidencial,  demuestra un marcado rasgo de intolerancia del Presidente Santos y una afrenta velada a la prensa. La frase de Santos de  “que quieren magnificar la acción de los delincuentes y los terroristas, muchas veces para hacer política con los temas de la seguridad” le dio argumentos a varios allí para así mostrarlo.

Y claro, el sarcástico término “idiotas útiles” claramente alude al Presidente Uribe. En un destacado ejercicio de mímesis con Uribe,  Santos usa el término para atacar a su antecesor (la estrategia de la mímesis uribista es originaria de Gustavo Petro, como bien lo descubrió Héctor Riveros en La Silla Vacía). Y es un ataque a su antecesor no porque las breves frases de opinión de Uribe en Twitter o sus largas andanadas en radio hagan referencia a sus capacidades mentales, sino porque este era uno de los términos favoritos del ex-presidente para descalificar las actuaciones y opiniones de sus contradictores, de quienes criticaban sus políticas y hasta para atacar  las instituciones de justicia.

El lio es que el conjunto al que Santos aplica el peyorativo término incluye a muchas otras personas, además de Uribe.

Como se puede escuchar aquí, hoy Francisco Santos, Salud Hernández y Alfredo Rangel se incluyen ellos mismos como receptores del término; pero también -imagino yo- destacados analistas y académicos de diversa trayectoria, profesión y posición política que se han ocupado de la seguridad en el país, el conflicto y la violencia, como Ariel Ávila,  León Valencia, Rudolf Hommes, Hugo Acero, Alejandro Gaviria, deben estarse dando por aludidos.

Estos analistas, y otros como Alejo Vargas, Román Ortiz, Alonso Tobón, y, hasta en ocasiones quien escribe, han tratado, en efecto, de hacer Política -con P mayúscula-, ciencia política, e incluso política electoral, con sus opiniones y  análisis sobre la seguridad.

Y claro, cuando se habla de (in)seguridad uno termina haciendo ver que allí hay un problema, y, en referencia a la frase del mandatario “magnificando un problema”.

Si bien el sarcasmo es divertido -hasta a mí me gusta-, en este caso Santos -creo yo- hace mal al no diferenciar sus apreciaciones y no precisar sus acusaciones.

En primer lugar, porque sigue casando inútiles peleas con su antecesor. Ya vale la pena que su mantra “nopecu” comience a hacer efecto.

En segundo lugar, porque si de lo que se trata es de buscar reducir el impacto de las acciones terroristas en la población, hay mejores tácticas que las de estigmatizar a los críticos. El Presidente podría, por ejemplo, desarrollar un programa de investigación dirigido a mejorar las técnicas domésticas de prevención del terrorismo; establecer un sistema de prevención, como el de Scotland Yard basado en mecanismos rápidos de comunicación y de toma de información como el programa de MI5 o incluso como Crimestoppers; pedir estándares de autorregulación para los medios; apoyar públicamente las movidas que, como la de El Espectador, informan reduciendo el impacto de dichas acciones; y, por qué no, generar un programa de estudios de terrorismo en Colombia, que tenga como una de sus líneas de investigación un componenente de medios y terrorismo.

Todo lo anterior es más efectivo para mejorar la seguridad, aislar a los terroristas y reducir su impacto que poner a todos los que criticamos las políticas de seguridad en un solo estanco que está empeñado en afectar su gobierno.

Al ponernos a todos en el mismo barril, Santos terminó polarizando y repitiendo con su discurso el nefasto ejercicio de estigmatización que se perfecccionó en el anterior gobierno: el de igualar a mis críticos con mis enemigos.

Además, casando estas peleas sarcásticas y peyorativas el gobierno distrae la atención del mensaje importante que algunos queremos enviar, de los necesarios debates en torno a grandes desacuerdos entre analistas y de un necesario ejercicio de hacer responder a las autoridades.

Más que querer  “hacerle el juego al terrorismo”, buscar hacer oposición u obtener ganancias electorales, muchas de las personas que mencioné -no todas, claro y las instituciones a las que pertenecen, han venido señalando con evidencia de diferente calidad, diferencias de enfoque y argumentos más o menos convincentes, la incapacidad e ineficiencia de las actuales estrategias de seguridad.

El mínimo común de todas estas posiciones es que, con lo que tenemos hoy, claro que logramos la derrota estrategica de las guerrillas, pero no hemos ganado la seguridad, ni hemos establecido la paz.

Con lo que hoy existe en materia del aparato de justicia criminal, no hemos sino logrado contener el crimen organizado, no disuadirlo de comportamientos violentos. Tampoco hemos logrado tan siquiera que el Estado se apropie de las extraordinarias rentas que este genera y que siguen afectando las instituciones a todo lo largo del país. De hecho, hoy vemos de nuevo cohesión en estos grupos y un vigoroso renacer para presentar nuevos formidables desafíos a la sociedad.

Más serio, no hemos logrado detener la transformación de la violencia, que hoy, en manos de ejecutores criminales puros, replica los aprendizajes del conflicto en el pasado reciente.

Incluso, y pese al verdadero gran logro de este gobierno en materia de seguridad, el haber reanudado una senda de caída en los homicidios, aún hoy en día en Colombia se mata más gente que en casi otro país del mundo.

En suma, este estado de cosas tienen que cambiar pronto. Y para eso, las opiniones y el análisis crítico de hasta los más idiotas deben ser escuchadas.

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¿Llegó la hora de sacar la llave del bolsillo?

En una entrevista en Semana.com, Marc Chernick, experto estadounidense en resolución de conflictos, argumenta que hay tres cambios importantes en la actual coyuntura que favorece una salida negociada al conflicto armado entre el gobierno colombiano y las FARC.

  • El cambio en el balance de poder al favor de las fuerzas armadas
  • Aumento de la presión por parte de la sociedad civil para un proceso de paz
  • Cambios en el sistema internacional que favorecen una solución política al conflicto.

Además, afirma que las FARC están enviando fuertes señales a favor a unas negociaciones y comenta que ya es hora que el Presidente Santos también actúe y que utilice la llave sobre la cual ha hablado tanto pero nunca ha sacado de su bolsillo.

Pero Santos no debe actuar solo. Más allá de acercarse a las FARC, Chernick también dice que hay que invitar tanto a la comunidad internacional como la sociedad civil colombiana como actores activos en un proceso de paz, “porque ni el Gobierno ni la guerrilla son voceros de toda la sociedad y además porque la paz es no solamente un tema del Gobierno o de la guerrilla, es de toda la sociedad civil”

¡Así es!

Lea el artículo acá:
“Si no hay intermediarios, las FARC no van a soltar a los secuestrados”, Semana.com, 9 de febrero, 2012.

Ver previos artículos escritos por investigadores del CERAC sobre el tema:
“Hacia una propuesta de cese de la violencia del conflicto”, Alonso Tobón, 6 de febrero, 2012.
“Guerra de palabras, hechos de paz”, Emilia Frost , 16 de deciebre, 2011.


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