Más allá de conflictos inmaduros y propuestas de paz podridas

El debate público sobre una posible salida negociada al conflicto colombiano -y en particular con las FARC, dada la reciente liberación de los 10 secuestrados miembros de la Fuerza Pública- es de lo más alentador que ha pasado en Colombia en lo que se refiere la opinión pública y el conflicto armado, pues cualquier solución al conflicto tiene que tener apoyo y germinar de la ciudadanía.

No obstante, el polarizado debate parece haber llegado a un estancamiento sintomático del mismo conflicto.

De manera simplificada, como cualquier generalización, se puede resumir el debate en dos posiciones opuestas: por un lado, se encuentran aquellos que argumentan que la opción militar se ha agotado y que las condiciones para una negociación están dadas; por el otro, se encuentran aquellos que sostienen lo contrario, que el conflicto no está maduro por lo cual hay que seguir priorizando la opción de la fuerza militar.

Si bien este tipo de debate polarizado es mejor que un silencio nefasto de la opinión pública frente al conflicto, también arriesga cualquier intento de diseñar una política de paz apta y verosímil para la compleja y multifacética realidad colombiana.

La verdad es que las dos partes tienen razón, pero también es verdad que ninguna de ellas tiene razón: ni el conflicto está maduro, ni las condiciones para la paz están dadas, pero esto no evidencia que la derrota militar sea la única, ni siquiera una posible salida del conflicto armado.

Las conclusiones erróneas se explican por el hecho de que el debate arrancó por el lado equivocado y hace un inexacto uso de las teorías que utilizan para justificar sus argumentos.

En primer lugar, si bien el concepto de madurez de conflictos ha sido un concepto teórico muy importante para los estudios de paz y conflicto, y además tiene una alta resonancia en los medios de comunicación masivos, no es necesariamente aplicable a todos los conflictos.

Como argumentamos en nuestro libro No estamos condenados a la guerra: Hacia una estrategia de cierre del conflicto con el ELN, el concepto de un momento maduro queda corto en contextos de confrontación asimétrica y prolongada, como es el caso colombiano. De hecho, Zartman era uno de los primeros en resaltar esta limitación de su propia teoría. Pues, como explican Crocker et al, es la existencia de un estancamiento estable, de baja intensidad y autoproductivo, o un “estancamiento de las 4-S” (por sus siglas en ingles: stable, soft, self-serving, stalemate) el que caracteriza a este tipo de confrontaciones.

Es decir, el conflicto no está y probablemente nunca estará maduro para una negociación.

Pero igual de errados están los que creen en una rápida terminación del conflicto a través de las armas. El agotamiento de esta estrategia se ha evidenciado hace ya mucho tiempo.

Las fuerzas armadas nunca han sido tan fuertes como ahora: en Colombia hay 40 uniformados por cada guerrillero, e igual el conflicto pervive en las periferias del país causando muertos, heridos, desplazamiento y desarrollo negativo. ¿Qué más evidencias necesitamos acerca de los límites de la fuerza militar?

Es más, no solamente la estrategia militar ha sido un fracaso en términos de una derrota total de las guerrillas, sino que también ha sido contraproducente al obstaculizar una salida política. En efecto, las bajas de los principales líderes de las FARC las han dejado sin voceros aptos para asumir cualquier tipo de diálogo de paz y les han restado cohesión interna – dos condiciones esenciales para lograr la paz-.

Es decir, la paz nunca ha sido y probablemente nunca será el fruto de la fuerza militar.

Ahora bien, mi punto no es que hemos llegado a un callejón sin salida, sino que de la misma forma como no vale la pena abonar un árbol que ya no da frutos, tampoco podemos esperar más para que se madure una fruta que hace tiempo se pudrió. Como Albert Einstein lucidamente anotó, no podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos.

La solución de un conflicto estancado, atrapado entre posiciones rígidas, hay que buscarla en un debate movido, creativo e innovador. El fin de una disputa que se perpetúa entre intereses incompatibles requiere la búsqueda de una alternativa mutualmente preferible. La paz en Colombia se encontrará más allá de la dicotomía tradicional de la negociación y la derrota militar.

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